• Dom. Abr 5th, 2026

El costo económico de la desinformación, la polarización electoral y la mediocridad de propuestas gubernamentales en Perú

Mediocridad de propuestas

Los 35 candidatos electorales que aspiran a lograr la presidencia de Perú, en los tres primeros debates realizados los días 23, 24 y 25 de marzo —centrados en seguridad ciudadana, integridad pública, lucha contra la criminalidad y contra la corrupción—, como parte del inicio de un nuevo proceso electoral que se celebrará el 12 de abril de 2026, no solo decepcionaron, sino que también demostraron enorme incapacidad de síntesis y gran mediocridad en la presentación de sus propuestas. Aunque estas sirvieron más para recordar una serie de denuncias y graves imputaciones delictivas lanzadas entre uno y otro postulante, dejando de lado lo central que era, confrontar los planes gubernamentales de sus agrupaciones políticas. Inclusive, algunos se fueron por la tangente para no responder las preguntas ciudadanas pauteadas en uno de los bloques en las tres presentaciones. A la vez, para contener la criminalidad plantearon necesariamente salirse de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

El dilema de elegir el menos malo

En este escenario de escasez de ofrecimientos concretos que lleven a cambiar el panorama actual de creciente criminalidad, extorsiones, intensa corrupción institucional y copamiento partidario para favorecer a cientos de políticos que han pervertido la forma de hacer política —apoyados por una enorme desinformación mediática y noticias falsas que han creado extrema polarización—, el electorado peruano asistirá nuevamente a las urnas enfrentando el similar dilema de siempre: votar por el candidato que consideren menos nocivo, aunque varios de ellos se alineen convenientemente hacia el “centro” para conseguir votos de incautos ciudadanos, tal y como ha ocurrido desde los 80 al retornar la democracia en Perú.

En estas condiciones, lo más probable es que quienes lleguen al poder —no solo en el Ejecutivo, sino también en el Legislativo, apoyados por una masa de electores que, en su desesperación por encontrar el candidato que cambie el actual estado de pobreza creciente, aguda informalidad, empleo precario, desempleo, delincuencia, criminalidad incesante e incapacidad de poder mejorar su calidad de vida porque el modelo económico de los 90 implosionó e intensificó un sistema económico consumista más que productivo que explica el rezago de ingresos per cápita— terminen, como siempre, mucho más defraudados de lo que estuvieron antes de emitir su voto.

El “centro” alineado con conservadurismos de derecha y quienes se asumen de centroizquierda —apoyados mediáticamente— en la práctica terminarán virando hacia la derecha y al radicalismo de la ultraderecha o confabulándose con ellas para mantener una cuota de poder sin cambiar el paradigma sistémico de corrupción institucional.

Aun cuando en Perú se hayan implementado algunas reformas, estas son laxas. Esa debilidad ha permitido que la corrupción, tal cual un cáncer, haya hecho metástasis institucionalmente en el Ejecutivo, el Congreso, Tribunal Constitucional, Ministerio Público, gobiernos locales y regionales, y en el sector privado.

El conservadurismo oculto del centro

El Centro, etiquetado como “moderado”, absorbe el conservadurismo de la izquierda paternalista y el de la derecha junto a la ultraderecha que insisten en mantener el fracasado neoliberalismo salvaje que desindustrializó globalmente a todos los países que siguieron su receta, sumiéndolos en déficits crónicos que, en el caso peruano, generó de manera corrupta la actual deuda externa bruta total, catapultándola desde 9.121 millones de USD en 1980 hacia un máximo récord histórico de 169.697 millones de USD en el segundo trimestre de 2025. Aun cuando al finalizar el año haya caído hacia 156.000 millones, representa en promedio 33% del PBI. Se proyecta, sin embargo, una fuerte expansión en este 2026, encareciendo de esta forma los eternos créditos y presionando a los intereses que el gobierno peruano debe pagar a los tenedores de bonos. Esto es consecuencia de que el ratio de deuda/PBI genera expectativas de persistentes déficits y mayor carga de intereses, ya que al reducirse la demanda de bonos fuerza a la emisión de otros más a tasas cada vez más altas si se requiere atraer inversiones.

Tanto Keiko Fujimori, como López Chau, Nieto, Olivera, Lescano, Pérez Tello, los militares y varios candidatos más como Acuña se presentan como “centristas”, pese a que formaron parte de diferentes gobiernos y/o estuvieron involucrados con la herencia fujimorista que privatizó todo sin red de protección, y tras la corriente alanista, toledista, ollantista, ppkista, vizcarrista——, lo mantuvieron, sostuvieron y continuaron con el proceso de destrucción de las finanzas públicas. Dentro de ellos se incluyen en el control del Ejecutivo a Boluarte, Jerí, sus aliados APP, PP, RP, AP y otros grupos más y las deudas que asuma Balcázar mientras permanezca como interino y ceda la posta a otro que seguramente seguirá haciendo lo más fácil, adicionar más deuda vía permanentes préstamos por gastar mucho más de lo que recibe el país.

La derecha y ultraderecha tras el poder vía engaño

Los ciudadanos ignoran que el extremismo de la ultraderecha y el conservadurismo incrementaron la desigualdad desde mucho antes de los 80. Las políticas pro- minería basadas en exportaciones primarias desde los 90 hasta la fecha elevaron la informalidad de 60% a 75%, llegando incluso a 90% según sector económico y región; creando así 4 millones de empleos sin beneficios (MTPE 2026).

Izquierda debilitada

La izquierda, no ha logrado avanzar por las diferencias internas de varios grupos de ellos que caminan sin visión de largo plazo y de cómo realizar verdaderos cambios estructurales e implementar una exitosa reforma agraria industrializadora —reduciendo drásticamente la informalidad para expandir la industrialización hacia diferentes sectores económicos claves como minería e hidrocarburos, creando cadenas de valor, formalización masiva y empleo calificado—.

El elector no distingue entre el conservadurismo de izquierda que por buscar cuotas de poder se corrompe, mientras que el conservadurismo de la derecha y la ultraderecha apelan a mantener un mercado sin Estado con la finalidad de continuar con el desorden actual acelerado desde la caída de PPK e impulsada por el fujimorismo y aliados, dejando al presidente como una figura decorativa porque el Congreso —vía el Senado que retornará sin autorización ciudadana y junto a la cámara de diputados — será peor de nefasto que el actual al tener maniatado al mandatario. Ambas facciones son caras de la misma moneda, pero el elector vota por “el que grita más” por el que propone fusilar al delincuente o porque el que en aras de combatir la delincuencia emulará a presidentes de otros países ofreciendo populistamente de todo.

Voto personalista: Desprestigio partidario y desinformación

Los partidos en crisis, como el de Ollanta Humala y Perú Libre, traicionaron a la izquierda. Acción Popular, el PPK-ismo, Alianza para el Progreso, Podemos Perú y otros colapsaron como supuestos centros políticos por ser en esencia partidos de centro- derecha, tanto como Fe en el Perú de Álvaro Paz de La Barra, Obras de Belmont, el Frente Independiente moralizador que, liderado por Olivera, se convirtió en Frente de la Esperanza. El APRA viró también hacia la derecha; Somos Perú se mantiene ideológicamente de derecha, lo mismo que SiCreo de Espá , Nieto que fue ministro de PPK dos veces, el partido que lidera Pérez Tello, Primero la Gente, creado por el supuesto ex aprista Miguel del Castillo, hijo del archi conocido político aprista que lleva ejerciendo cargos públicos desde 1981.

La ultraderecha, con López Aliaga, Williams, Groso, Chiabra, Caller, llevan dentro de sus filas a fujimoristas acérrimos todos con focos en candidatos, no en programas, plantean retirarse de la Corte Interamericana de La Haya, determinando que cualquier violación a los derechos humanos debilite mecanismos de control externo, quedando dentro del espectro de la impunidad, ampliándola y erosionando la credibilidad del sistema de justicia, cambiando de esta forma el concepto de democracia al no tener límites a la violencia estatal.

Redes y fake news

El 70% de electores menores de 35 años consumen información vía redes, amplificando la desinformación y el populismo que profesan una gran cantidad de candidatos donde las encuestadoras convenientemente van descartando a aquellos que saben que no impactan en las preferencias, de manera que la prensa los muestre y entreviste una y otra vez para que como “producto político” lo fijen en la mente de la población electoral manipulando la percepción del elector a diferencia de lo que no ocurre con aquellos candidatos que en la práctica si tienen aceptación popular.

Ignorancia ideológica

Un estudio realizado en 2025 por el Instituto Peruano de Economía reveló que solo el 22% evalúa propuestas; el resto decide por “confianza personal”.

El costo de este tipo de decisiones ha generado gobiernos inestables y 8 presidentes en 10 años que, según datos de Pro Inversión, ahuyentaron la inversión en -15% en 2025.

Costos económicos reales: Pobreza perpetua

Esta polarización y desconocimiento no es abstracto; drena la economía:

Indicador Impacto 2021-2026 Causa principal
Informalidad 75% fuerza laboral Políticas derechistas sin formalización
Pobreza 29.5% (8.8M personas) Ausencia de empleos dignos, inflación 3.5%
Crecimiento PIB Estancado en 2.5% Inestabilidad electoral frena la economía
Deuda externa 50% PBI Populismo sin reformas estructurales

 

Geopolíticamente, China y EE.UU. compiten por el litio y cobre peruano, mientras las mineras siguen haciendo de las suyas al recibir exoneración y devolución tributaria sin repercutir en el desarrollo del país.

Hacia un voto informado
Perú necesita educación cívica y medios independientes para romper el ciclo de corrupción, desinformación y manipulación. Sin esto, las próximas elecciones 2026 repetirán lo del 2021 debido a que, tanto la derecha como la ultraderecha buscarán por todos los medios conservar el poder o “gritar” fraude como ya anunció el ex alcalde limeño si el resultado de las urnas no lo favorece. Mientras que la izquierda para frenar a su competencia, todas las facciones tendrían que ponerse de acuerdo para apostar por un objetivo común y consolidarse en una sola agrupación ya que el supuesto centro se acomodará siempre hacia donde más les convenga evitando el costo de continuar con una sociedad sin verdaderos cambios estructurales.

Los espero en el siguiente artículo.

Juan Távara B.

Administrador, Marketero, Economista, Especialista automotriz y Máster en Dirección de Comercio Electrónico

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