La retirada de Irán y la erosión de la hegemonía estadounidense
Al apoyar a Israel en Oriente Medio e iniciar la guerra, Trump subestimó la capacidad táctica, estratégica y de desgaste de Irán, que, con misiles, drones de bajo costo y una estrategia de guerra asimétrica, puso a EE. UU. en un callejón sin salida. La decisión de retirarse del conflicto en dos o tres semanas deja en evidencia que, si este se prolonga, el deterioro de una economía ya deficitaria se agrava aún más, y que la posición hegemónica de EE. UU. se erosiona de forma irreversible.
Pérdidas materiales y el fin de la superioridad bélica de EE.UU.
En este contexto, la posible destrucción del Boeing E‑3 Sentry en la base aérea Príncipe Sultán, en Arabia Saudí, constituye un golpe directo a la superioridad bélica de EE. UU. El E‑3 Sentry, considerado los “ojos estratégicos” del imperio, permite la detección de amenazas hasta 400 km y tiene un costo de unos 700 millones de dólares. Su pérdida, difícil de compensar en el corto plazo, se suma a la amenaza de Irán de bombardear las empresas tecnológicas estadounidenses asentadas en Medio Oriente, núcleo medular del neo mercantilismo tecnológico y del sistema de información y control de EE. UU.
La retirada de EE. UU.: rechazo de aliados y fin de la hegemonía simbólica
A su vez, la retirada de EE. UU. se ve obligada por la negativa inicial de España y la reciente posición de Italia de impedir que sus bases de Aviano, Sigonella y Gaeta se conviertan en plataformas de bombardeo, así como por la postura de Polonia, Reino Unido y Alemania, que se mantienen al margen. Ante este escenario de rechazo de aliados, la hegemonía militar de EE. UU. se derrumba no solo en el plano militar, sino también en el político y simbólico.
Del neoliberalismo al neo mercantilismo tecnológico
Esta retirada confirma mi tesis planteada en el artículo anterior de que el neoliberalismo murió cuando Biden promulgó la Ley CHIPS Act 2022, como el punto de inflexión que abrió un proceso de intervención estatal intensiva y de proteccionismo sectorial. El gobierno estadounidense pasó de un libre mercado “puro” a un modelo híbrido, donde el Estado usa subsidios y regulaciones para proteger un grupo selecto de empresas tecnológicas y de defensa, con el fin de frenar el avance chino y sostener la hegemonía de EE. UU.
La minimización del estado, la apertura de mercados, la desregulación y la financiarización expandieron el poder de EE. UU. como epicentro de un modelo que exportaba deuda, tecnología y normas regulatorias, mientras se concentraba en servicios financieros y digitales, dejando de lado la industria productiva. Esa desindustrialización abrió espacio a China para convertirse en la “fábrica del mundo”, y hoy se convierte en un punto de vulnerabilidad que el neo mercantilismo tecnológico intenta corregir a través de la intervención estatal.
El neo mercantilismo tecnológico y el neo feudalismo
Trump reconoce, de forma implícita, que la hegemonía nuclear militar no fue suficiente para vencer a Irán, porque el Complejo Industrial Militar que se potenció con la doctrina Monroe no diseñó armas ni estrategias para guerras asimétricas, donde el poder de desgaste de armas de bajo costo prevalece sobre el despliegue de plataformas carísimas. Ese viraje de EE. UU. hacia un neo mercantilismo tecnológico genera, a la vez, un neo feudalismo, donde unos pocos conglomerados tecnológicos concentran renta, poder político e información, reforzando el señorío digital sobre el resto de la economía.
El papel de China y de Pakistán en la reconfiguración del orden global
Esta reconfiguración en la que China y Pakistán actúan como mediadores de paz potencia al gigante asiático y deja en claro que su plan estratégico “Made In China 2025”, planeado para migrar de la “fábrica del mundo” hacia una fábrica de ata calidad tecnológica, usando una estrategia de penetración vía precios de bajos costos, le sirvió para potenciar 7 sectores clave que amenazaron la hegemonía estadounidense y obligaron a Biden a intensificar los aranceles del primer gobierno de Trump, quien al regresar a la Casa Blanca en su segundo mandato los continuó en forma mucho más agresiva.
Trump, Groenlandia y el control de la geografía del poder
Uno de los errores de Trump fue atentar contra sus socios al intentar hacerse de Groenlandia, lo que obligó a la UE a mirar con mayor detenimiento cada evento, como el hecho de comprar petróleo más caro que el que recibía de Rusia antes de que ellos mismos volaran los ductos de abastecimiento. Es allí donde el G7 y toda la UE certifican que Trump solo buscaba beneficiar a EE.UU. e incluso que cada retroceso o expresión, así como la volatilidad en la variación del precio del barril de petróleo, generaba para sus amigos y sus empresas una altísima rentabilidad de corto plazo en Wall Street.
Groenlandia y el Canal de Panamá no solo fueron pretextos de seguridad sino control de rutas y de recursos futuros. La retórica de la “amenaza” venezolana, su “inestabilidad” y la necesidad de “garantizar el suministro de energía” se enlazan con la lógica de que, si el petróleo de Irán y del Golfo quedaban en un punto incierto, EE. UU. buscaba asegurar alternativas de suministro, sea a través de la industria de petróleo de esquisto o mediante la presión sobre otros países productores.
Trump no pensó solo en las tarifas o en el déficit comercial; sino en controlar la geografía de la acumulación global: el petróleo, el gas, la fibra óptica submarina, los canales de navegación, los puertos de logística y las rutas de comercio. El costo de intentar cambiar esta geografía global llevó a perder el apoyo de sus socios de la OTAN y de Irak que prefirió aliarse a Irán para reivindicar su humillante sumisión generada después de la guerra que EE.UU. impuso en su país.
Los espero en el siguiente artículo
“BCRP: Más de 3 décadas creando pérdida de productividad y empleos”
Juan Távara B.
Administrador, Marketero, Economista, Especialista automotriz y Máster en Dirección de Comercio Electrónico





