Cómo la agricultura sostenible del agave está revitalizando los bosques secos de Oaxaca
Los bosques secos de Oaxaca representan un sistema vivo moldeado por los extremos. Sin lluvia durante más de la mitad del año, estos bosques resisten la sequía mediante estrategias como la caída de hojas para conservar la humedad y el almacenamiento de agua en sistemas radicales profundos y eficientes. Esta resiliencia demuestra que los paisajes de Oaxaca, secos pero pujantes, son lugares donde la vida está adaptada de manera única.
Esto contribuye a la posición de Oaxaca como uno de los estados más biodiversos de México. Solo sus bosques secos albergan la mayor variedad de reptiles y anfibios del país, y de sus más de 9.000 especies de plantas, 722 no se encuentran en ningún otro lugar del planeta.
Sin embargo, los bosques secos tropicales de todo el mundo, incluyendo los de Oaxaca, enfrentan presiones crecientes por usos no sostenibles, lo que los convierte en uno de los tipos de ecosistemas más degradados y amenazados del mundo. En México, más del 70 % de estos biomas ya se han perdido o han sido transformados para la agricultura.
La degradación de la tierra es más que un problema de biodiversidad. Amenaza los medios de vida de miles de millones de personas en todo el mundo. En México, más del 71 % de la superficie terrestre total está degradada, lo que afecta a casi 11 millones de personas.
En los Valles Centrales de Oaxaca, el agave define tanto el paisaje de los bosques secos tropicales como los medios de vida locales. Durante generaciones, el cultivo de esta suculenta nativa ha sustentado la producción de mezcal, un destilado que es mucho más que una mercancía. Arraigado en palenques familiares y tradiciones de larga data, el mezcal forma parte de la vida comunitaria en toda la región.

Durante la última década, la demanda global de mezcal creció rápidamente. Esto implicó que la producción de agave se expandiera con rapidez y, en algunas zonas, ese crecimiento fue acompañado por uso no sostenible de la tierra y monocultivos de agave, lo que aceleró la degradación del suelo y la pérdida de biodiversidad. Entre 1995 y 2022, las plantaciones de agave representaron el 62 % de la pérdida de bosques en ciertas partes de Oaxaca.
No obstante, los medios de vida en el estado siguen profundamente vinculados al agave. En 2023, Oaxaca fue responsable de más del 90 % de la producción de mezcal de México. A medida que la presión sobre la tierra se intensifica, el futuro de la cadena de valor agave-mezcal depende cada vez más de la salud de los ecosistemas que la sostienen.
Gladys Sánchez, agricultora de agave y productora de mezcal en la localidad oaxaqueña de Santa María Zoquitlán, ha observado de primera mano los cambios en la región.

“Uno de los peores impactos del auge del mezcal [fue que] en muchos lugares se financió la eliminación de la vegetación natural para establecer parcelas de agave”, dijo Sánchez. “Tuvo mucho impacto en los ecosistemas.”
Sánchez es integrante de Las Guardianas del Mezcal, un colectivo de mujeres agricultoras de agave y productoras de mezcal que promueve prácticas de uso sostenible de la tierra y apoya a productoras y productores locales.

A través de un proyecto financiado por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM, también conocido por su sigla en inglés, GEF), dirigido por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) e implementado por la organización de conservación Pronatura Sur, Las Guardianas y otros dos colectivos similares de productores reciben apoyo para ayudar a restaurar paisajes degradados mediante la agrosilvicultura y a promover una cadena de valor agave-mezcal más sostenible.
El proyecto apoya a estos colectivos promoviendo prácticas de producción ambientalmente sostenibles, protegiendo los ecosistemas del agave e impulsando la igualdad de género mediante capacitación, apoyo jurídico, planificación empresarial y asistencia en mercadeo. A través de capacitación práctica en agrosilvicultura, prácticas de conservación de suelo y agua, y el uso de bioinsumos y especies nativas, el proyecto ya ha fortalecido la gestión sostenible de la tierra y la restauración del agave para 157 productoras y productores.

“En nuestra destilería, solo usamos leña muerta, reutilizamos el agua y dejamos algunos agaves florear, recolectando las semillas”, dijo Sánchez, señalando cambios que ha hecho en su producción gracias al proyecto. La leña es necesaria para alimentar los procesos de destilación, mientras que permitir que algunas plantas de agave alcancen la madurez y produzcan semilla ayuda a que las poblaciones nativas de agave se regeneren de forma natural.

En la cercana San Luis Amatlán, la comunidad ha establecido un área protegida para su restauración, uno de los muchos sitios que contribuyen al objetivo del proyecto de incorporar 76.000 hectáreas de tierra bajo gestión mejorada en Oaxaca.
Allí, las y los integrantes de la comunidad cuidan la tierra: siembran especies nativas de árboles y plantas, construyen barreras de piedra en laderas para captar agua de lluvia y reducir la erosión del suelo, e instalan perchas de madera para alentar el retorno de aves y la dispersión de semillas en zonas donde se ha perdido la vegetación.

En todo Oaxaca, el proyecto ha apoyado la restauración sobre el terreno y la mejora de la gestión de tierras en múltiples sitios, al tiempo que ha fortalecido el hábitat para otras especies. A partir de ello, el monitoreo de biodiversidad liderado por comunidades ha documentado el retorno de una rica vida silvestre en la zona, incluyendo felinos, más de 90 especies de aves y polinizadores clave como los murciélagos de nariz larga y las abejas sin aguijón.
Estos esfuerzos están contribuyendo al avance de México hacia el objetivo de mejorar la condición del 30 % de la tierra degradada para 2030, aumentando al 50 % para 2050, en consonancia con la meta mundial de neutralidad en la degradación de las tierras de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD).
Para quienes cultivan agave y producen mezcal en Oaxaca, la tierra restaurada significa bosques secos y ecosistemas más sanos que pueden sostener tanto la rica biodiversidad de la región como sus medios de vida locales.

“El agave crece lentamente, y la recuperación también”, concluye Robert Erath, gerente del PNUMA para el proyecto en Oaxaca. “Esa visión de largo plazo es esencial, porque restaurar paisajes significa construir resiliencia a lo largo del tiempo, compartida por los ecosistemas y las comunidades que dependen de los mismos.”




